La palabra "Eugenesia", adoptada en 1883 por el inglés Francis Galton, tuvo sus raíces en tres de los tratados que dieron el rasgo identitario a la modernidad industrializada del, todavía naciente, Siglo XX, y sostenida luego sobre el eje del determinismo biológico.
En la Inglaterra de 1798, el entonces becario por la Universidad de Cambridge, Robert Malthus, publicaba su célebre "Primer Ensayo sobre la Población", establecido como el primer tratado de economía política, eje actual del liberalismo ortodoxo, y en donde la organización estructural de la familia, el control de la natalidad, y la organización estatal de las áreas de pobreza, servían como el factor esencial en el equilibrio del proceso económico, haciendo foco, sobre todo, en el control del incremento poblacional (si la población no encuentra obstáculos a su crecimiento, su incremento se traduce en sufrimientos: va a sobrar gente). Años después, en 1837, Charles Darwin (primo de Galton) publicaba su extensa "Teoría de la Evolución", donde puso énfasis en la predisposición natural de los organismos para adaptarse al ambiente hostil, haciendo una clara distinción entre fuertes y débiles, aptos y no aptos, colonizador y colonizado y, así, hacia un sin fin de clasificaciones que nos indican que, entre dos o más organismos, y ante el menos evolucionado, siempre sobrevive el más apto, la cuál representa a la idea del "Lebensraum", o la teoría del espacio vital que elaborara el geógrafo alemán Friedrich Ratzel (1844-1904) y que sirviera de base al criterio expansionista de Adolf Hitler (1889-1945).
Casi en simultáneo a los estudios de Ratzel, en 1866, el austriaco Gregor Mendel (mediante su estudio de las semillas), elaboró el primer tratado sobre la herencia genética que, en el campo de la ciencia, solo es comparable a las Leyes de Newton en el terreno de la Física, y que establecieron los principios que determinaron, en éste caso, las condiciones hereditarias de una especie oleaginosa por sobre otra de menor resistencia y calidad, pero haciendo una clara referencia a la ventaja del control sobre el cruce de variedades, luego traducida a especies, y posteriormente a razas (si tomamos dos especies diferentes pero de igual naturaleza, el resultado es que prevalecen las condiciones de la más apta, si luego cruzamos dos ejemplares de la generación primera, los patrones hereditarios menos aptos serán segregados por la propia naturaleza establecida en ésta segunda generación y si sobre éste resultado continuamos cruzando generaciones posteriores, los caracteres hereditarios se tornan independientes, excluyendo por si mismos a sus rasgos menos aptos para su condición y estableciendo a una raza mucho mas resistente que las originarias. La construcción programada de una raza superior).
Por esos tiempos, aquí en Argentina, fueron Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento quienes sostenían el beneficio de aplicar el determinismo biológico (o Darwinismo Social) con el fin de mejorar la calidad genética de los habitantes de éstas tierras de gauchos pobres y harapientos que, caminando descalzos sobre un suelo colmado de riquezas, subsistían de las prebendas y los favores bajo la ignorancia sostenida por el caudillismo. Claro que aquí el problema no era la superpoblación, sino una extensión territorial abrumadora ("...el problema de la Argentina es su extensión..." nos dice Sarmiento en su "Civilización o Barbarie") y la inexistente mano de obra calificada para dar empuje al desarrollo industrial que estaba modificando al mundo todo.
Sin lugar a dudas, cuando leemos a Malthus interpelarnos sobre si "...¿Es que se necesita un volúmen (...) para enseñarnos que de la pobreza vienen grandes miserias y vicios, y que la pobreza en su peor forma, debe estar presente allá donde hay mas bocas que panes y mas cabezas que sesos?..." es entonces que podemos recordar los discursos parlamentarios de Sarmiento en el congreso de Buenos Aires, allá por 1884, tan discutidos hoy, y tan sacados de contexto por una absoluta liviandad de criterios, poco objetivos y no correspondidos con los tiempos históricos.
En nuestro país, el determinismo biológico (mediante la cruza de razas vacunas) llego de la mano de la expansión de la frontera agropecuaria (1880-1900) y de la imperiosa necesidad que poseía la Inglaterra de entonces por mejorar el rinde de las proteínas importadas desde las colonias o, en nuestro caso, las tierras del sur del sur. Por éste motivo, y durante esos años, se implementó en nuestros suelos la experimentación en la cruza de razas para lograr una mayor capacidad de nutrientes por kilo de carnes, que luego, serían consumidos por la mano de obra inglesa, con una mejor calidad a menos volumen y a un menor costo del ganado en pié, ya que luego de las mejoras genéticas un kilo de carne aportaba los nutrientes que antes lograban tres o más kilos.
Hoy, toda la industria alimenticia aplica éste criterio determinista, o de manipulación, para lograr la mayor calidad por siembra, el engorde acelerado de aves, porcinos y vacunos, y la mayor concentración de proteínas y grasas para derivados, a un menor costo por kilo y a un mayor rinde por ejemplar faenado o hectárea cosechada. Ahora Uds., se preguntarán: ¿Que tendrá que ver un pollo de engorde o la mejora del Aberdeen Angus con la eugenesia?
La respuesta es simple: el concepto aplicado es el mismo...
La idea está íntimamente emparentada con los criterios religiosos que, en la prédica, aseguran la mejora de nuestra especie mediante un criterio de selección divina (por ej, el exterminio masivo del diluvio universal o la destrucción programada de Sodoma y Gomorra) y que propició que en la Europa de 1930 se enalteciera la idea del determinismo que enarbolaba la superioridad de una raza Aria como el ideal de conquista en la superación genética universal.
Allí se confundieron inferiores por pecadores, y al cabo de 15 años, la idea del determinismo biológico, o eugenesia, había arrojado la suma de mas de 125.000.000 de muertos una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial (sólo 32.000.000 en la primera)...
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, el reacomodamiento productivo planetario, logró equiparar rápidamente el vacío que dejaron millones de muertos sobre regiones antes superpobladas y en territorios muy limitados, enfocando una celosa disposición estatal sobre las clases trabajadoras mediante las políticas de bienestar. El resultado de tamaña masacre equivalía a que la repartición de bienes y servicios se hiciera de forma mas equitativa debido a una menor tasa poblacional, los muy bajos índices de desempleo y el agregado que el fordismo había dejado a su paso mediante el montaje masivo de las manufacturas que, junto al mayor tiempo de dispersión que permitía la expansión de los consumos ociosos, propició una mayor diversificación geográfica en los consumos de la clase trabajadora.
En no menos de 20 años, el mundo tuvo una expansión económica como nunca se había conocido, pero el problema comenzaba a surgir nuevamente, ya que las sociedades de los países dominantes exigían una variedad de productos cada vez más sofisticados ligados a una mayor voracidad de consumo, y las regiones dueñas de los minerales y las riquezas en bruto que, a pesar de estar cerca de Europa, estuvieron alejadas de las guerras habían crecido de forma exponencial.
Desde luego, el riesgo era visible, porque a mayor población del tercer mundo, menos territorios para explotar la producción primaria transnacional.
En algunos casos, la solución sigue siendo la misma: Guerras, epidemias controladas en territorios específicos, fumigaciones con pesticidas, esterilizaciones masivas ligadas a políticas de control de la natalidad y la producción regional de los alimentos bajo la recurrencia de sustancias cancerígenas que, en algunos casos, están despoblando zonas enteras por muerte o emigración; además de las políticas extractivas que sumergieron en la pobreza a los países productores, apresándolos mediante una interminable rama de servicios especulativos, obligandolos al castigo de las deudas y, sobre todo, a abandonar sus sueños de industrialización para sobrevivir como productores básicos de los alimentos y minerales que luego serán manufacturados a miles de kilómetros de su fuente original. Los mismos alimentos y bienes que luego consumirán mediante una importación controlada. Pero los nuevos tiempos, sobre todo a partir de los ´80, también trajeron nuevos problemas.
La explosión tecnológica que, unida a la robotización de los sistemas de producción y a la expansión del mercado de servicios, modificó la conducta proteccionista de los estados mediante la estructura del derecho y, sobre todo, la estructura del trabajo en una suerte de nuevo determinismo, o darwinismo social, que descartó a millones de personas del mercado laboral en un lapso de no más de cinco años.
El desempleo y el cierre de fuentes laborales es causa, no solo de un empobrecimiento de las bases sociales sino, de la concentración de la producción primaria en manos de unos pocos, y junto al despoblamiento de las zonas productivas a causa de la emigración las capitales cercanas a los puertos de exportación padecen de una superpoblación constante por gentes en busca de oportunidades acrecentando sus tasas de desempleos, lo que equivale no solo a una pronunciada desvalorización en el precio del trabajo (hoy ganamos 10 veces menos que hace 20 años) sino a una menor calidad de los servicios, dada la expansión en la expectativa de vida y a la inminente emergencia que los sistemas previsionales deberán soportar en no menos de 15 años.
Otro punto a resaltar es que, ante la gran concentración en torno a los puertos capitales, también se sostiene una alta tasa de vulnerabilidad debido al perfeccionamiento de la industrialización tecnológica-belicista, y ante los posibilidad de conflictos armados con estados agresores mejores capacitados, los países subdesarrollados, y en realidad a todos sin distinciones, se convierten en súbditos de los antojos de las potencias dominantes, y adversarias.
En nuestras capitales y sus alrededores lo que sobra es gente, y en caso de guerras, o atentados, el extermino es casi masivo e instantáneo.
Solo al observar la forma en que se realizan las actuales operaciones de guerra, con sus acciones bélicas enfocadas sobre las capitales centrales, dejando de lado a extensas porciones de territorios, podemos comprender el porque, desde la guerra de Bosnia en 1990, Afganistán e Irak en 1992 y a la actualidad, incluyendo a Siria, Yemén, el resultado está arrojando más de 15.000.000 de muertos, representados solo en zonas capitales y sus alrededores.
La eugenesia es, al día de hoy, una variada forma de repartirnos las condiciones de subsistencia. Cuando los ciudadanos de los mercados líderes consumen los alimentos de mayor calidad, a nosotros solo nos queda lo demás, la raza inferior somos nosotros. Solo el pensar que, en nuestras regiones, consumimos libremente medicamentos y alimentos que están prohibidos en otros países, cualquier aclaración sobra.
Hoy existen regiones del mundo que consumen los alimentos que les son privados a otras. Alimentos privados por disposiciones legales de salubridad, o por estar por encima de la capacidad de consumo. Hoy hay personas que apenas si comen...
Hay cerca de 3.000.000.000 de personas que, en forma diaria, apenas logran reunir la cantidad de proteínas básicas, y una gran parte de esa proporción ni siquiera llega a sostener una alimentación estable y variada.
Con el devenir de los años, y a modo muy simple, el Derecho y la Bioética hicieron que nosotros también sostengamos nuestras consensuadas formas de eugenesia, y claros ejemplos son la legalización del la práctica del aborto, o los estudios prenatales que alertan sobre posibles malformaciones o patologías severas del feto, e incluso en el proceso de "fertilización asistida" en donde, previo a la fecundación, se examinan los embriones y solo se eligen a los mas aptos para el transplante al óvulo materno, lo que equivale a decir que elegimos al mas apto descartando al menos apto o menos superior; motivo que en su momento provocó acaloradas discusiones bajo el pretexto de si estamos, o no, privando al embrión de su derecho a la vida bajo una pretensión determinista sostenida en la manipulación de los principios de la eugenesia, o del darwinismo social.
Ejemplos hay muchos, pero lo importante de ésto es la nota aquí compartida por voces del CONICET, por demás calificadas. Lo que queda en claro es que, el determinismo biológico, o darwinismo social, va de la mano de la eugenesia, la cuál es, en sí, la aplicación de las leyes que solo buscan el mejoramiento de una raza, en éste caso la humana, pero he aquí que, como sostiene Malthus, si ésta selección no lo hace la naturaleza la hace dios, o de lo contrario la debe hacer el Hombre, para asegurar su continuidad como especie, para evitar la superpoblación desmedida, sostener la explotación equilibrada de los recursos y lograr el tan ansiado equilibrio de proporciones entre "lo aritmético y lo geométrico".
Quizá sea la filosofía moral la encargada de responder a éste conflicto, y dado que solo ella es capaz de hacer las preguntas que, por principios deontológicos, nadie se atrevería a realizar. La pregunta será entonces: ¿cuál es la proporción poblacional aceptable para la continuidad de la especie humana? ¿Bajo que parámetros y de que formas?
La religión nos habla de un 33%, o de la destrucción de una tercera parte...
Detrás de éstas preguntas, el axioma parece simple: "mientras los alimentos y los elementos necesarios para la vida se reproducen en forma aritmética, la población se reproduce en forma geométrica" (R.Malthus). Desde aquí, todo lo que subyace es parte de una solución: El obstáculo programado al crecimiento poblacional. Por supuesto hay otros factores, por supuesto hay otros poderes e intereses ligados al incremento poblacional, pero éso lo dejamos para otro día...
Comentarios
Publicar un comentario