F orjado por los mitos, las religiones y la política; transformado por las guerras, las ciencias y el feminismo, el concepto de virilidad ha constituido durante siglos el orgullo del hombre, al amalgamar los atributos que se han considerado distintivos del varón: fuerza, autoridad, proezas sexuales y dominación. Jaqueado por la vertiginosa evolución contemporánea, desde hace tiempo este concepto parece estar perdiendo terreno. Ese repliegue descorrió poco a poco el espeso telón que, a través de las épocas, permitió disimular una realidad inconfesable. ¿Y si a fin de cuentas la virilidad sólo hubiera sido una trampa a lo largo de la historia? El sociólogo Pierre Bourdieu (1930-2002) ya había señalado en La dominación masculina (1998): "La virilidad, entendida como capacidad reproductiva, sexual y social pero también como aptitud para el combate y el ejercicio de la violencia, es, ante todo, un peso". En un trabajo apasionante, cuarenta especialistas reunidos para realiza...